lunes, 9 de febrero de 2015

Diez razones por la que la gente reímos

¿Porque es mejor que llorar?
Porque si. Porque no hace falta una razón.
Porque no hace falta entender.

¿Quienes somos la gente?

Porque existe la complicidad, la amistad y el color Violeta.
Porque el otro lado del espejo nos  invita a pasear.
Porque hace bien.
Porque el chiste es muy bueno.
Porque la caída en el vacío existencial a todos nos duele pero nadie se lastima.
Porque amamos, recordamos, extrañamos, somos parte.
Porque todo es más llevadero en clave de comedia.


jueves, 5 de febrero de 2015

La casa de los espíritus de Bille August



La casa de los espíritus es una novela de Isabel Allende que fue adaptada al cine de la mano del director Bille August y con un reparto de grandes actores: Jeremy Irons, Meryl Streep, Glenn Close, Winona Ryder y Antonio Banderas. A partir de la historia de Esteban Trueba, un minero que logra dar un salto en la escala social y convertirse en hacendado y patriarca de una familia influyente, cuenta la historia politico-social de Chile en la segunda mitad del siglo XX.
Esteban pide matrimonio a la hermana de Clara, la bella Rosa, pero la muerte de Rosa hace que Clara se case con Esteban años después.  Fruto de esta unión nace Blanca. Padre e hija se distancian a raíz de la relación de Blanca con Pedro, un joven revolucionario que incita a los trabajadores a sublevarse para conseguir  condiciones laborales más justas, hijo del encargado de Las Tres Marías, la finca de Esteban Trueba.
La oposición ideológica aparece en el vínculo padre (conservador)- hija (socialista). Esteban hará lo posible por evitar que la relación entre ambos jóvenes prospere,  incluso intentará matarlo en un par de ocasiones pero siempre falla.
Blanca y Pedro se encuentran a escondidas en la orilla del río. Borde donde las clases sociales se cruzan y el amor hace que las fronteras se muevan.
El personaje de Clara lleva adelante los episodios de realismo mágico presentes en el film. Desde pequeña Clara puede mover objetos con la mente, hablar con los muertos y predecir acontecimientos. Decide cuando morir y siendo un espíritu cuida a Blanca luego de ser torturada en prisión. Este personaje tiene correspondencia con el de Úrsula, matriarca de la novela Cien años de Soledad de Gabriel García Márquez. Mujeres espirituales y decididas que cuando mueren las historias dan un giro.
Con la muerte de Clara sobreviene el golpe de estado y Esteban Trueba acepta el amor que existe entre Pedro y su hija. Se reconcilia con Pedro y lo ayuda a exiliarse. En contra partida, Blanca queda detenida y la tortura su hermanastro (hijo de su padre y una criada a la que violó). Tránsito, una prostituta conocida de Esteban, le devuelve un favor y logra que la liberen. Clara vuelve a buscar a su marido en su lecho de muerte.
Existen diferencias entre la novela y la película. En la película se suprime una generación. La historia de Blanca es en realidad la historia de Alba, que en el film aparece como una niña. Faltan muchos personajes claves  como los hermanos gemelos de Blanca y el poeta, cuyas personalidades llevan a la reflexión. En la novela uno de los gemelos representa la figura de Salvador Allende y el poeta a Pablo Neruda. Sólo Clara es personificada como angelical y etérea, características que Blanca y Alba también comparten en la novela. Rosa no es tan bella en el libro, los personajes son mucho más profundos y se le da más importancia a la superstición y la magia. La película puede ser entretenida pero omite cosas realmente importantes, cambia los nombres y los papeles de los personajes por completo aunque el argumento es el mismo. La versión Hollywoodense de La casa de los espíritus, con actores, directores y guionistas extranjeros, no logra  mostrar la esencia latinoamericana que se desprende de la novela.



lunes, 2 de febrero de 2015

Lluvia


Desde el ventanal puedo ver varias cuadras de la avenida y mucho cielo. Es hermoso ver como la llovizna lenta pinta la ciudad de plateado y vuelve el aire menos denso. Las gotas ligeras y desorientadas bailan al ritmo del viento mientras cae la tarde y yo la contemplo con una copa de vino en la mano. El viento forma espirales de pequeñas partículas de agua que flotan en el aire y tardan en llegar al piso. El vino es más dulce de lo que recordaba. Las estrellas como peces azules que se escurren en la noche desparecen. A lo lejos una tormenta eléctrica proyecta el cielo estremecido. Se oyen ruidos como ecos de cristales que se rompen. El segundo sorbo es mejor que el primero, menos ácido. Las gotas ahora son más ágiles, más veloces y ordenadas. El viento ya no las desvanece. Todo afuera se moja. Pongo las palmas hacia arriba para que la lluvia me lave las manos y los pensamientos. Me abrazo a su frescura. Otro trago me ayuda a entibiarme. Bajó notablemente la temperatura.
Llueve y hay barcos de papel naufragando por los cordones de las veredas; hay aves refugiadas en sus nidos, gente que se apura  y árboles borrachos de lluvia que se inclinan apuntando hacia el centro de la tierra. Hay peatones bajo techos y paraguas volando.
Llueve y  seguro que en este momento en el que  miro por la ventana, en algún lugar hay parejas haciendo el amor desaforadamente arrastrados también por el impulso de la tormenta. Por esta misma lluvia que desvalija casas, escuelas, departamentos de policía, plazas, cines, centros culturales, supermercados y todo lo que encuentra a su paso. Un sorbo largo. Ya perdí la cuenta, el cuarto creo. Me lleno la copa casi vacía.
Un río turbulento inunda la avenida y pronto la desborda. Todo afuera se moja aturdido, está seco donde estoy. La lluvia no cesa. Diluvia. Que bueno tener vino y tener casa. Que destino afortunado no inundarse.  Las gotas caen repetidas, multiplicadas, pesadas. Se sumergen decididas en el caudal que crece: repta por debajo de las puertas y  entra por las ventanas con la fuerza de un tropel. Me siento mareada. No se si es el vino o la culpa de vivir en las alturas, seca y no abajo en el mundo anfibio, lleno de barro y óxido.
Contemplo junto a la copa – la tercera- esta  feroz noche de lluvia copiosa que destruye a su paso integridades y arrastra cuadernos, autos, árboles borrachos, aves muertas, hojas secas. Arrastra hermanas, tíos, padres de familia con sus hijos: futuros sobrevivientes de letras amarillas. Arrastra pelotas, libros, recuerdos en blanco y negro, comida, zapatos, animales.

Tempestades que hostigan nuestras almas, fenómenos climáticos, casas embarradas a las que le salen hongos y le crecen enredaderas, ropa mojada, pesadillas. Tiempos posmodernos de pantallas y grabaciones repetidas hasta el infinito igual que las gotas que como celdas  irrumpen golpeándose en el pavimento y repitiéndose. Una misma multiplicada. Miles, sin sentido.  El dolor ajeno y el propio me lastiman. Casi todo me entristece y también, casi todo me da esperanzas. No hago más que tomar vino y dejar caer la lluvia. 

sábado, 31 de enero de 2015

Deberíamos evitarlo

Él duerme en otra cama, lejos –nunca-, acompañado. Sueña otra vida, en otro tiempo. Ella no puede dormir, cruza la noche desnuda. Se pierde en el humo, tratando en vano, de remontar distancias.

lunes, 19 de enero de 2015

Escena al azar

 (tomada de Cien años de soledad, novela de Gabriel García Márquez)

El día que Fernanda los descubrió besándose en el cine Meme supo que vendría algún castigo pero no le dio importancia porque su confianza en Mauricio crecía con el tiempo, y estaba convencida de que el amor siempre encuentra sus espacios.
Salió del cine sintiendo  todavía los labios de su amante sobre los suyos y durmió tranquila. Movida por una fuerza interna, que la guiaba con tranquilidad, decidió no bañarse la mañana siguiente. Ese cambio de hábito cambiaría por completo su cotidianidad.
Fernanda la había encerrado pero la libertad llegaba cuando caía la tarde y la sensación se estiraba hasta el otro día. Los encuentros amorosos con su amante a escondidas la llenaban de amor mientras acrecentaban el odio pasivo que sentía por su madre.
Entre mariposas y tragos amargos transcurrieron los meses del castigo.

La tarde que le dispararon a Mauricio, Meme sintió que le habían disparado directamente a ella. Escuchó el estruendo aterrador, entendió lo que sucedía y empezó a sentir que el dolor le chorreaba caliente por la espalda, la desintegraba. Resolvió no volver a pronunciar una palabra. Resolvió vivir muriendo y fue entonces que sin oponerse acató el destino que su madre le impuso.

lunes, 12 de enero de 2015

Episodio de realismo mágico

Los habitantes de Macondo no tuvieron necesidad de llorar, el cielo lloraba flores amarillas  honrando la memoria de José Arcadio Buendía. Las primeras flores cayeron con la tarde, inundando con su aroma toda la región. Esa noche el fundador de Macondo hizo una recorrida por el pueblo. Saludaba desde lejos con la mano abierta y una sonrisa a todo aquel que se cruzaba o se asomaba a la ventana. Se estaba despidiendo de la materialidad.  Sus vecinos le devolvían el saludo y lo veían alejarse entre las callecitas. Andaba como si estuviera bailando con el viento y sonreía, disfrutaba del paseo que naturalmente finalizaría en el castaño. Su aspecto seguía siendo el mismo y lo conservaría por el resto de la eternidad: su pelo sucio, su rostro cansado y corroído por el tiempo. Sus ropas rotosas y su mirada perdida se contradecían con las sensaciones más puras.  Por primera vez en mucho tiempo  se sentía vivo  y los dolores comenzaban a abandonarlo.

Caminó toda la noche solo hasta que con el primer rayo de sol, Prudencio Aguilar apareció en el camino de regreso. No dijeron una palabra en todo el viaje. Cómodos y aliviados se acompañaron sin rencores por primera vez. Al llegar al castaño Prudencio se despidió con una mirada. El ritmo de la casa había disminuido. Todos sus integrantes deambulaban pensativos y aliviados. Transitaban un luto blanco por José Arcadio Buendía, que desde el otro lado de la muerte los acompañaba. 

lunes, 5 de enero de 2015

Descripción positiva

Una rugosa quietud les humedece la piel. Todo es pasto, todo es agua. Gotas cristalinas y ojos color negro bien abiertos sobreactuando indiferencia. Pequeños y como de gelatina se enamoran cuando muere la tarde de la Luna, refractan con sus rayos distintos verdes. Su respiración zen y su rítmica gutural se ensamblan con el silencio para embellecer la noche. Alimañas pacíficas. Príncipes jamás besados con pretensiones lisérgicas en contacto con la lengua.